Todo lo que experimentamos en nuestra vida es una experiencia corporal

“Todo lo que experimentamos en nuestra vida es una experiencia corporal”.

Esta definición me gusta.

Me gusta, por que la siento verdad.

El cuerpo nos habla, nos susurra y a veces nos grita, pidiendo atención….

Dicen los yoguis, es nuestro templo, es nuestro hogar mientras estemos en esta tierra, y no hay manera de separarlo de lo que pensamos y sentimos.

Por él, pasa el drama y la alegría del vivir….

Encontrar tu manera de desbloquearlo energéticamente es necesario….

La mía es el yoga, la meditación, la terapia, el deporte, el baile y la gran maestra, la Madre naturaleza.

Lo que una y otra vez he podido ir comprendiendo, es que todo pasa por el cuerpo y mucho se queda si no encuentras la forma de transformarlo.

Todo, lo que siento, lo que pienso y la capacidad que tengo de amarme y también las mil formas de olvidarme, todo eso, también pasa por el cuerpo y deja huella.

Lo que me atrajo en los comienzos de la práctica de yoga fueron las experiencias agradables y de vitalidad que me proporcionaba una hora de práctica, la intensidad, el tono y la fuerza con la que vibraba mi cuerpo.

Con el tiempo fui intuyendo que había algo más profundo.  Como un mar de fondo, un espacio en donde reseteaba toda la tensión del vivir y conectaba con algo parecido a “la Fuente”, al punto de estabilidad total.

Mi carácter buscando la gratificación temprana y la intensidad, se conformaba con pocas migajas.

Así poco a poco la práctica de mi ratito de yoga, me fue proporcionando una escucha más profunda, me ponía delante de mi mismo, me paraba. Y eso era agradable unas veces y otras no tanto.

La inconsciencia, cómoda y automática, tiende a veces, a llevarme por railes conocidos y seguros.

Cuando me paraba en mi práctica, también me confrontaba con la locura en la que habitaba mi mente, que sin darme cuenta de su frenesí, era un girigái de muchas voces dialogando al mismo tiempo.

También me confrontaba con la prisa que agarraba mis músculos y ese impulso  a hacer los movimientos sin presencia, me ponía delante de las tensiones que por habituales se habían apoderado de mis lumbares, de mi cuello.

Fui entendiendo que pararme a mirar era necesario para mi, para dar espacio interior, profundidad,  para darme lucidez en medio de esa casa de locos.

Así “cómo me trate”, como me piense, estoy modelando la materia de mi cuerpo, como si fuese un alfarero dándole forma al jarrón, voy a ir creando mi experiencia corporal, la imagen que tenga de él, y la cualidad energética que lo habite.

Así que si me pienso mal durante mucho tiempo, durante meses, años, acabaré encarnando ese malestar y no podré estar tranquilo habitando mi cuerpo, posiblemente estaré deprimido y mis hombros se roten hacia delante, hundiendo mi pecho y cortando la respiración a nivel del diafragma.

Darme cuenta de esos obstáculos es importante y sobre todo los que me pongo en la vida para no tomar contacto conmigo mismo.

Eso es lo primero.

Para mi lo importante no es por qué hago yoga, o meditación, o salgo al monte o voy a terapeutizarme, si no,  desde dónde lo hago, cómo lo hago y cómo voy viviendo el proceso….

Así que te propongo…..

Escúchate, elimina todo lo superfluo, todas las necesidades creadas para olvidarte de ti y  atiende a tus necesidades reales, vacíate de todo lo que te entre y aliméntate de amor a ti mismo.

Busca tu manera de descomprimir la energía

El ratito de práctica de yoga es un buen comienzo.

 

Manuel Rodríguez López.

Profesor de yoga, Terapeuta Gestalt. Artesano del cuerpo.

1 Respuesta

  1. Centro María Zambrano
    gracias Carmen

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