La ayuda terapéutica, entre la psicología y filosofía

La profesión como vocación

Me toca pronunciar unas palabras de reconocimiento apoyo e ilusión por y para María Artacho y el proyecto que hoy, aquí, en este Centro, comienza, pretendiendo aglutinar lo que todos los presentes deseáis para María y su proyecto.

María, hace 5 años te ofrecí trabajar junto a mí en el Centro que dirijo al otro lado de Granada.

Como profesional llegaste acreditada por la Facultad.

Como mujer que trabaja por el bienestar profundo de los seres humanos, estás sobradamente acreditada por las decenas de personas a las que has ayudado en estos años.

Y yo mismo acredito lo mejor de ti y de tu ayuda: Tu fe en el otro.

Acredito tu entrega y sobre todo tu vocación por el trabajo que realizas.

En ti se hacen realidad las palabras de nuestra María Zambrano acerca del trabajo: “en vez de profesión, debía llamarse vocación”, pensaba ella.

El amor como” instrumento” de trabajo

Igualmente acredito tus instrumentos de trabajo; los mejores a los que un profesional puede aspirar: cercanía, apertura de mente y corazón, sensibilidad y amor, y es que no se puede intervenir en el corazón de la persona si no se ama a la persona como tal. Así pensaba María “el amor en el mundo Cristiano redime, no al que lo siente como en Platón, sino al que lo recibe. El amor desciende a quien no lo espera, a quien cree no merecerlo, y vence al rebelde, al que se resiste. Es la victoria en la que no existe el vencido”.

El problema y la solución

Este Centro que hoy inauguramos y que tú vas a capitanear, te aventuro que no va a ser un lugar dónde se trabajen los problemas, sino un lugar dónde se elaboren soluciones. Tanto tú como yo sabemos muy bien que el germen de la solución se encuentra latiendo ya en el propio problema. Dicha solución lucha por salir de su matriz (el problema) y a veces, cuántas veces hemos sido testigos de ¡cuán difícil se hace el parto!

Así es como pensaba María Zambrano cuando expresaba que: “La noche es una oscuridad transitoria que conduce al alba”. La noche es la matriz donde se forja el amanecer. Parafraseándola podemos decir (y así nos lo dice nuestra experiencia de trabajo) que el problema y su correspondiente sufrimiento son oscuridad, la “noche oscura” de San Juan de la Cruz, pero una oscuridad transitoria, que conduce irremediablemente a la luz, esto es, a la solución.

Las personas que van a llegar a este Centro y todos los que acuden a nosotros día a día, vienen cargados de problemas por los que no son felices, buscando soluciones. A todos tenemos que decirles y decirnos a nosotros mismos que las soluciones no las encontraran ni en este Centro ni en ningún otro, pues las soluciones de verdad están en nosotros mismos, en nuestro propio centro interior.

María Zambrano, en este sentido, nos da ejemplo de cómo lograr resolver de modo admirable (casi envidiable) uno de sus principales problemas como fue su exilio de 1939.
Más que problema, auténtico drama humano sufrido por mi tía y su familia y que afecto a todas las facetas de su vida. No obstante, ese gran drama lo supo reconvertir en materia de creación, acabando por reconocerlo como su “auténtica patria” (así es como María redefinió su exilio), tal como nos confiesa ella misma.

El Centro como lugar de encuentro
Bien, pues de las Ideas e Ideales de María Artacho y de María Zambrano surge este Centro. Conozco bien las de la 1ª María y conocemos las de la 2ª María.

De la unión de unas y otras no es difícil predecir que este Centro va a ser un lugar de acogida, un lugar de encuentro, un lugar de sosiego y descanso, un “aparcamiento” de “noches oscuras” y un lugar de gestación de amaneceres, de soluciones; un lugar donde encontremos estabilidad y certidumbre y donde en definitiva, y lo más importante, nos encontremos con nosotros mismos, con lo mejor de nosotros mismos, desechando lo que nos condicione, lo que nos ahogue, los que nos descentre, en definitiva lo que nos haga sufrir.

María Artacho, ya solo queda abrir la puerta, recibir a quien te haya elegido como Ayudadora y como en tantos y tantos otros momentos de tus ya largos años de vida profesional, comenzar más o menos así: “Hola, qué tal; bueno soy toda oídos, cuéntame cómo va todo desde el último día que nos vimos…”, quedando, una vez más en espera de que la persona vacíe su corazón, se desahogue, como paso previo a co-construir junto a ti su propia solución.

El privilegio del terapeuta
María eres una privilegiada. Somos unos privilegiados, los que hemos decidido trabajar con las personas con el único objetivo de ayudarles a lograr una vida más feliz y gratificante.

Sé que en ocasiones, debido a los problemas que nos exponen, este trabajo se hace difícil y, a veces doloroso, pero también sé que se disfruta, cuando tenemos el privilegio de ser testigos de que la persona ha logrado su objetivo, ha alcanzado su solución, se ha hecho así misma más libre y feliz.

Todos los aquí presentes deseamos que dichos momentos de disfrute sean los que prevalezcan en ti, en los demás trabajadores que te acompañan en este trabajo y, naturalmente, en las personas que decidan acudir a él.

Miguel Sánchez Zambrano, sobrino de María Zambrano y tío de María Artacho.

En el día de la Inauguración del Centro “María Zambrano”, 22 de mayo de 2009

No hay comentarios.

Agregar comentario