Viaje a Imilchil, viaje a mi corazón

Viajar como un viaje interior

Al viajar a Marruecos descubrimos que está suficientemente cerca para reconocerlo como propio, los mismos azulejos que la Alhambra, los mismos bares de hombres que en los pueblos... y lo suficientemente diferente para asombrar con sus oasis, katsbas, tizis, chilabas, jaimas, medias lunas verdes señalando las farmacias.

Del 1-4 de Enero 2017, hemos recorrido 1700 km aproximadamente, en moto por el Atlas. El recorrido ha sido:
1. Tánger- Larache-Alcazarquivir- Mekines.
2. Mekines-Azrou- El Kebah- Aghabala-Ismibil.
3. Ismibil- Agoudal-Anemzi-Tounfite- Boumia- Zaida- Mildet
4. Mildelt-Azrou-Mekines-Kenitra- Tánger

La compañía ha sido la mejor, moteros carrozones, experimentados en esta batalla, conocedores del terreno y los acuerdos estaban claros: lo importante es el camino, no la meta, saborear, avanzar enlazados, ir lentos, conocer para poder amar esta tierra.

Y lo primero fue desconectarse del iPhone, modo avión, durante 4 días, sin cobertura, solo wifi para descargar los planos del Google Map. Desconectar para experimentar.

Montar en moto con mi pareja es una escuela de cómo avanzar juntos, repartiendo las tareas, uno conduce, el otro dirige, el equilibrio es responsabilidad de los dos, cada uno se apoya en si mismo, a mayor velocidad mayor necesidad de quietud...

Recorrer a lomos de la Triumph Tiger, la carretera de Mekines a Imilchil, es saborear la intensidad de la Vida, permitir que el viento deshilache los jirones del alma, que la infinitud del paisaje coloque en su sitio al pequeño ego.

Viajar en moto es atención plena a la carretera, al bache, al niño con la gorrita que corre al cole, a la mezquita vacía sola iluminada, tiritando bajo la luna.

Viajar en moto es oler el salitre del mar, la resina de los Pinos, el tomillo, la chimenea, el churrasco del cordero, las letrinas, el aire de la montaña helado, azul transparente.

Viajar por Marruecos, como mujer es hermanarme con las mujeres que lavan en el río, con la que carga al niño en la espalda y trabaja el campo a la vez, la que lleva el velo, y con la deportista que hace footing...

Mi corazón espera que la revolución de la mujer venga desde dentro de ellas, que explote la alegría y la fuerza que llevan dentro, para colocarse junto a sus hombres en igualdad.

Viajar es volver a las necesidades básicas, te a la menta, cous cous, dormir, practicar yoga, orientarse por el sol, habitar el propio cuerpo, buscar la sombra, temblar de frío, contemplar las estrellas, agradecer la cama, la ducha con agua caliente.

Viajar en moto, es abrirse al Silencio de la carretera, vaciarse de pensamientos, emociones, abismarse en la contemplación de la impermanencia del paisaje, todo fluye, tan solo la Conciencia testigo permanece.

María Artacho Sánchez
Psicóloga
Directora del Centro María Zambrano

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