“Cuando las emociones y pensamientos pesan mucho” El cansancio que no se va durmiendo

¿Algunas veces no te gustaría que tu vida fuera una película, donde eres el actor que tiene la oportunidad de volver a interpretar todo de otra manera? En realidad puedes hacerlo desde este momento.

Muchos de nosotros vivimos esclavos de nuestras emociones y pensamientos improductivos. De hecho, a veces pensamos demasiado y de manera inútil, provocándonos un empacho inservible.

Agotamiento emocional

En este punto resulta interesante hablar sobre el agotamiento emocional. Éste aparece cuando sobrepasamos aquello que podemos controlar, gestionar y canalizar. Al final, nuestra mente termina agotándose pues traemos a colación ideas y emociones que no nos aportan nada ni nos llevan a ninguna parte, impidiendo llevar a cabo otros procesos potenciadores.

Y no con esto me refiero a que haya que evitar los pensamientos o las emociones que sintamos aunque nos resulten incómodos, sino que, más bien, es más sano diferenciar aquellos que nos pueden resultar útiles de aquellos que no.

Por otro lado, todos tenemos claro lo que es el agotamiento físico, ¿no es cierto? sin embargo, por curioso que parezca, el agotamiento emocional no sabemos detectarlo tan fácilmente. ¿Será que no nos han enseñado a identificar y gestionar nuestras propias emociones?

Lo que hacemos a menudo es tragar una emoción tras otra; las guardamos una a una en nuestra “mochila emocional”.  Todo esto lo hacemos sin ser conscientes de su peso y de cómo afectan a nuestro bienestar y a nuestra calidad de vida.

¿Cuándo se puede producir?

 Este tipo de agotamiento puede surgir como consecuencia de vivencias tan comunes como:

  • Experimentar una pérdida
  • Un hecho traumático
  • Una decepción
  • La sensación de traición o abandono
  • Los vacíos de la ausencia
  • La culpa, etc.

Pero el hecho de no haber podido pasar página provoca un progresivo desgaste que tiene la capacidad de dejar una huella profunda en nuestra mente.

Es por esto que identificar tus emociones y gestionarlas de manera adecuada puede cambiarte la vida. Te propongo tomar consciencia de este tipo de fatiga y trabajarla, pues resulta muy duro caminar constantemente con cadenas que nos atan al pasado por su peso emocional.

Cómo desprendernos de esta “mochila”

Puede resultar difícil vaciarla pues llega un momento en el que casi forma parte de nosotros. Lo importante es reflexionar sobre lo que hay dentro de ella; lo que hemos introducido nosotros y lo que han podido introducir otros. Todo este contenido está presente en nuestro día a día, aunque a veces no seamos conscientes de ello. De hecho, muchas de nuestras reacciones tienen que ver con ese peso que soportamos, y, para aliviarlo, tenemos que distinguir lo que nos ayuda de lo que no.

El resentimiento: una gran carga

En este caso en concreto me centro en una de las cargas más pesadas: el resentimiento hacia otra persona.

Cuando alguien nos daña nuestra respuesta más lógica e inmediata consiste en ir contra quien nos lo ha provocado. Pero esta reacción tan natural que a corto plazo puede impedir que el daño continúe, si se mantiene por mucho tiempo, puede tener sus problemas. Podría reflejarse de la siguiente forma:

Cuando alguien te hace daño es como si te mordiera una serpiente. Las hay que tienen los dientes largos y la boca grande, provocando heridas inmensas. Una vez que te ha dejado de morder, curar una mordedura así puede ser largo y costoso; pero cualquier herida se cierra finalmente. El problema se incrementa cuando la serpiente, que era venenosa, se ha ido y te ha dejado el veneno dentro, lo que impide que la herida se cierre. Los venenos más comunes son el de la venganza, el del resentimiento, el del ojo por ojo y el de buscar justicia y reparación. El veneno puede estar actuando durante mucho tiempo y, por eso, la herida no se cierra. El dolor no cesa durante todo ese tiempo y tu vida pierde alegría, fuerza y energía.

Cada vez que a nuestra mente vienen la rabia, los pensamientos sobre venganza o la injusticia sucedida, la herida vuelve a abrirse. Y duele, pues recordar el sufrimiento te lleva de alguna manera a sentirlo otra vez.

¿Y si sacamos de nuestra mochila este tipo de emociones tan pesadas?

Sacar el veneno de tu cuerpo implica dejar de querer vengarse. Como te decía, al pensar en la venganza es cuando el veneno se pone en marcha. Por este motivo, si quieres que la herida se cure, has de dejar los pensamientos voluntarios de venganza hacia quien te hizo daño; es una carga pesada y que no nos corresponde

El perdón

Fue en el 2006 cuando la Asociación de Psicología Americana (APA) publicó una recopilación de investigaciones en torno a la psicología del perdón y la reconciliación en el ámbito de conflictos con repercusión a escala social.

Hay consenso en considerar que el perdón consiste en cambiar conductas destructivas voluntarias dirigidas contra el que ha hecho el daño, por otras constructivas. (McCullough, Worthington, y Rachal, 1997).

Pero, ¿qué implica/no implica el proceso de perdón?

  • No implica el abandono de la búsqueda de la justicia
  • No implica dejar de defender tus derechos
  • Solamente se trata de no buscar en ello un desahogo emocional que implique que el centro de tus acciones sea la búsqueda de la justicia o de explicaciones por parte de la otra persona, pues esto dificulta tu avance en otros de tus objetivos y valores.

El perdón, por tanto, es terapéutico; te alivia de ese gran peso que puede llevar a desgastarte emocionalmente.

Como indicaba anteriormente en la metáfora de la serpiente, es preciso dejar de pensar en las conductas destructivas; pero dejar de pensar en algo voluntaria y conscientemente lo único que consigue es incrementar su frecuencia (Wegner, 1994). Por tanto, para perdonar, es preciso comprometerse, por el propio interés, con el pensamiento de querer lo mejor para esa persona, aunque sea solamente que recapacite o deseando que le vaya bien en la vida.

Retomando entonces la importancia de la identificación de las emociones y de su peso en nuestra vida, concluyo invitándote a que aprendas a vaciar tu mochila soltando todo aquello que te tiene preso/a y te agota. Acepta los fallos y aprende que crecer es aceptar lo que te pasa y no luchar y cargar con ello. Recuerda que soltar lo que cargamos no es un simple adiós sino un agradecimiento por lo aprendido para seguir avanzando, con menos peso, más sanos y más felices.

A continuación puedes encontrar un enlace que hace referencia a tipos de terapia que pueden ayudarte:

Terapia de aceptación y compromiso y mindfulness

https://psicocode.com/meditacion/act-mindfulness-tercera-generacion-terapias-conductuales/

Otros enlaces de interés:

5 razones por las que tienes que aceptar el dolor te hace estar más feliz.

https://lamenteesmaravillosa.com/5-razones-las-tienes-aceptar-dolor-feliz/?utm_medium=post&utm_source=website&utm_campaign=featured_post

Perdonar implica entender, no justificar:

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Autora del artículo: Elena Rueda Alcázar

 

 

 

 

 

 

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